Mariana
Apoyo los antebrazos en la baranda del balcón y me quedo mirando el mar como si de verdad pudiera encontrar algo distinto en esa línea infinita donde el agua se junta con el cielo, aunque en realidad lo que busco no es el mar sino un pensamiento más ordenado dentro de mí, algo que me explique por qué, por primera vez en mucho tiempo, me siento tranquila sin necesidad de estar en alerta constante. Franco está detrás de mí desde hace varios minutos sin decir nada, pero su presencia no es