La luz pálida del amanecer se filtraba por las rendijas de la vieja cabaña, iluminando el polvo que flotaba en el aire y la piel desnuda de Mia, que dormía sobre el pecho de Liam. El fuego de la chimenea se había reducido a brasas, pero el calor entre ellos era suficiente para ignorar el invierno exterior.
Liam se despertó primero. Observó a Mia con una fascinación que nunca se había permitido sentir. Sus dedos trazaron la línea de su espalda, bajando por su cintura hasta la curva de sus cadera