Capítulo Veinte

Amelia sintió frío. Su presión dio un ligero bajón mientras se apoyaba en el arco de la puerta de la cocina y miraba a Helena y la caja vacía de vitaminas para la gestación que había sobre la encimera.

- I.. - Amelia se frenó y pronto Helena se acercó a ella, cogiéndole la mano y guiándola hasta uno de los taburetes para que se sentara.

- Amelia, no pasa nada. - Helena trató de tranquilizarla. - Puedes contármelo si quieres. Pero necesito saber si te estás cuidando bien.

- Helena, yo... - Ameli
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