Capítulo Sesenta y ocho

Amelia permaneció en silencio todo el camino de vuelta a casa mientras Alex conducía. Él le apoyó la mano en el muslo, dándole el tiempo que necesitaba para contarle lo que fuera que estuviera pasando con aquel hombre.

Cuando llegaron al garaje del edificio, Amelia hizo ademán de bajarse del coche, pero Alexander no se lo permitió. Necesitaba saber qué estaba pasando.

- Dime, ¿qué ha hecho ese hombre? - preguntó de inmediato.

Amelia miró fijamente los serios ojos azules de su novio y respiró h
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