Aquella noche, Amelia estaba tumbada junto a Alexander en la alfombra de la biblioteca mientras le leía Macbeth.
Tenía los ojos fijos en el libro mientras él la observaba atentamente, acariciando con una mano su cabello oscuro mientras lo besaba.
Cuando terminó el libro, Amelia se levantó para guardarlo y cogió el suyo, sosteniéndolo entre las manos como si fuera precioso. Volvió a sentarse en la alfombra junto a él, miró por la ventana y notó que empezaba a llover. Estaban a mitad del otoño y