Capítulo Treinta

Atravesaron el gran vestíbulo de la Plaza mientras todos los presentes los miraban. Amelia sintió que sus mejillas se sonrojaban de inmediato, sujetando con cierta fuerza el brazo de Alexander.

- Amelia, te estás clavando las uñas. - murmuró él en tono dolorido.

Ella aflojó el agarre, volviendo los ojos hacia Alex.

- Lo siento -dijo-. Todo el mundo está mirando. - comentó ella, sintiendo la mano de él apoyada en su espalda, justo por encima de la cadera.

- No pasa nada -dijo él-. No te preocup
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