Atravesaron el gran vestíbulo de la Plaza mientras todos los presentes los miraban. Amelia sintió que sus mejillas se sonrojaban de inmediato, sujetando con cierta fuerza el brazo de Alexander.
- Amelia, te estás clavando las uñas. - murmuró él en tono dolorido.
Ella aflojó el agarre, volviendo los ojos hacia Alex.
- Lo siento -dijo-. Todo el mundo está mirando. - comentó ella, sintiendo la mano de él apoyada en su espalda, justo por encima de la cadera.
- No pasa nada -dijo él-. No te preocup