Capítulo 37. Montaña rusa
Por la mañana, decenas de medios propagaban la noticia de un rescate digno de la más reciente película de acción.
Eduardo Esquivel se recuperaba bien, eliminando de su organismo lo que le habían inyectado, durmiendo en relativa calma, en un hospital de alta categoría, acompañado de su llorosa esposa, mientras algunos oficiales posaban muy orgullosos ante las cámaras de los periodistas y curiosos que se agolpaban: habían desarticulado uno de los clubes clandestinos de los temibles Hatori y, adem