Capítulo 38. Encuentro impetuoso.
Las palabras de Muriel calaron en el centro de su ser, llevándolo al borde de la locura.
La deseaba así, dispuesta a todo sobre el escritorio de su oficina y a la misma vez se sentía culpable de ese anhelo desenfrenado y visceral.
Porque la señorita Márquez no era una más de sus conquistas, no era una mujer del montón sin nada que perder.
Un atisbo de razón se cruzó por su mente y la miró a los ojos, allí donde habitaba la miel que lo derretía y lo volvía incapaz de detenerse, como si una fuerz