Después, mientras yacían juntos en la cama, el silencio los envolvió. No era incómodo, sino más bien reconfortante, como si ambos entendieran que lo que acababa de suceder era solo el comienzo de algo más grande.
Marcus giró hacia ella, apoyando la cabeza en su mano para observarla.
—Te amo, Avy —dijo con una sonrisa suave.
Avy lo miró, sintiendo que su corazón se aceleraba de nuevo.
—Yo también te amo —respondió, dejando que las palabras fluyeran sin reservas.
Se quedaron allí, abrazados, deja