Mientras tanto, Avy se encontraba en su habitación intentando distraerse con un libro, pero las palabras no lograban capturar su atención. Sus pensamientos seguían regresando a Marcus, el beso que casi rozó sus labios esa tarde, a las miradas furtivas que habían compartido. Por más que intentara negarlo, algo dentro de ella seguía albergando esperanza.
De repente, alguien golpeó la puerta. Antes de que pudiera responder, Luisa, su mamá, entró, como si supiera que era bienvenida.
—¿Puedo senta