Guille
No pensé que Mario fuera a abrir la boca tan rápido.
Apenas crucé la puerta de su casa, con Gala a mi lado, él ya estaba anunciando a los gritos mi vida privada. Su risa tronó como siempre, desbordante, imposible de ignorar.
Y entonces, lo soltó.
—¡Familia, amigos! —gritó con esa vozarrón de payaso—. Les presento a Gala, la novia de Cruz.
Vi cómo Gala se tensaba a mi lado. No necesitaba mirarla mucho para saberlo. Su mano apretó la mía con fuerza, sus mejillas se encendieron. Por dentr