La decisión se siente como una daga en el pecho, pero la sostengo firme, sin titubeos. Llevo días con la certeza de que no hay otra salida, y aunque una parte de mí grita de miedo y repulsión, la otra se viste de acero. No soy una niña indefensa, ya no. Soy una loba herida, dispuesta a todo por proteger lo que me queda. Y si tengo que ensuciarme las manos, si debo jugar el papel de presa para ser la cazadora, entonces lo haré. Después de todo no sería la primera vez.
Esa mañana hablé con Clara