El clic definitivo de las puertas blindadas abriéndose en el garaje subterráneo de la mansión fue el sonido que Asley estuvo esperando durante la hora más larga de su vida. Se puso de pie de inmediato, dejando atrás el sofá de la sala de estar donde había estado fingiendo leerle un cuento a Leo, quien ya se había quedado profundamente dormido bajo la vigilancia de Elena en la habitación contigua.
Asley llegó al gran recibidor justo en el momento en que Dante cruzaba el umbral. Su abrigo osc