La noche cayó sobre la mansión Moretti trayendo consigo una calma que contrastaba con el terremoto político y financiero que el matrimonio acababa de desatar en la ciudad. Tras cenar con el pequeño Leo y asegurarse de que estuviera profundamente dormido en su cama cálida y segura, Asley se retiró a la biblioteca. Necesitaba silencio para procesar que el primer gran paso de su justicia ya estaba dado.
Vestía una bata de seda color perla que fluía a su alrededor con suavidad. Con una taza de té