El sol de la mañana se filtraba por las pesadas cortinas de la suite principal, tiñendo el mármol y las sábanas de un tono dorado. Asley abrió los ojos lentamente, sintiendo una calidez que hacía años no experimentaba. Al girarse, descubrió que el espacio a su lado estaba vacío, pero la marca en la almohada y el persistente aroma a sándalo confirmaban que la noche anterior en la biblioteca no había sido un sueño.
Se sentó en la cama, ajustándose la bata de seda. En la mesa de noche, junto a