—Te propongo un trato, Asley. Un trato que no solo te devolverá la dignidad, sino que te garantizará tres cosas que ahora mismo no tiene. Dante levantó un dedo, marcando cada punto con una precisión quirúrgica: —Primero, seguridad y un hogar. Mi casa será tu fortaleza. Nadie, ni Tristan ni sus abogados, podrán tocarte mientras estés bajo mi protección. Segundo, dinero. Tendrás los recursos necesarios para que a tu hijo no le falte absolutamente nada; borraré la palabra "necesidad" de tu vocabulario. Hizo una pausa deliberada, acercándose a ella hasta que el aroma a sándalo y poder volvió a envolverla. Su voz bajó a un tono oscuro, casi magnético. —Y tercero, lo mejor de todo: justicia. No esa justicia lenta que se compra en los tribunales, sino una que verás con tus propios ojos. Te daré la plataforma para que recuperes lo que es tuyo y destruyas la reputación de Tristan hasta que no quede nada de su orgullo. Dante extendió su mano derecha hacia ella, esperando. No era un ge
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