El zumbido de los flashes fotográficos quedó atrás en cuanto las pesadas puertas blindadas de la limusina de Dante se cerraron, sepultando el ruido exterior en un silencio absoluto. El vehículo avanzaba con suavidad por las avenidas de la ciudad, pero dentro de la cabina, la atmósfera estaba cargada de una energía eléctrica que nada tenía que ver con los negocios.
Asley mantenía la mirada fija en la ventanilla, observando las gotas de lluvia resbalar por el cristal tintado. Sus manos, firmeme