Miguel llevaba una mascarilla respiratoria. Había sufrido un derrame cerebral, pero Luna no sabía la razón. No podía mover su rostro ni comunicarse adecuadamente. Su vida dependía por completo de una silla de ruedas y necesitaba ayuda incluso para comer. Su única actividad consistía en sentarse allí.
Su hija pequeña de tres años y medio se parecía muchísimo a Carolina y se sentaba tímidamente detrás de ella. A pesar de que habían pasado cuatro años, Carolina seguía sin envejecer y se veía aún má