Confusión, miedo, temor... ella sentía que diversas emociones se revolvían en su corazón.
Ella envidiaba a aquellos que no tenían que hacer nada para conseguir lo que querían.
Mientras ella, sin importar cuánto se esforzará, nunca obtenía nada.
Incluso tenía que soportar esas miradas desagradables.
Luna no se atrevía a apartar la cabeza, temiendo no poder escapar de ese calabozo.
Apresuradamente, se subió al coche, y el conductor colocó sus cosas en el maletero.
—Señorita, ¿tiene todo?
—Sí, vámo