Luna continuó con la llamada, hablando de cosas cotidianas, qué comer y qué hacer. Casi siempre era él quien llamaba. Ella no usaba mucho el teléfono. Cuando recordaba, enviaba algún mensaje de texto.
Después de siete u ocho minutos, viendo que los fideos estaban casi listos, Luna los saco del agua.
—Señor Sánchez, disculpe que el banquete haya terminado tan tarde. ¿Le gustaría acompañarme a tomar una copa? —Una voz suave y agradable salió del teléfono. Debía ser la hija de alguien importante, a