A simple vista, su atuendo parecía más el de una estrella de club que el que una refinada dama. Llevaba un peinado popular en los salones de baile de hace más de una década, y sus pendientes eran de esmeraldas. En su muñeca, llevaba un reloj adornado con pequeños y brillantes diamantes.
Sin embargo, para Miguel, todo eso no significaba nada.
Carolina se acercó al cuerpo de Andrés y habló con una voz seductora y tentadora:
—Parece que vas a tomar medidas en contra de tu pequeña novia Isabel. Ten