Le tomó una hora llevar la comida frente a Liora.
Andrés entró y vio a la persona temblando en la cama, su uniforme escolar arrugado y desordenado con los botones que había arrancado, sin saber dónde habían caído.
Con lágrimas en el rostro, estaba muy desvalida.
Al verlo, ágilmente Luna agarró una almohada al azar y se la lanzó:
—¡Andrés, eres un maldito!
Andrés lo atrapó de inmediato por el cuello:
—Aunque soy un maldito, te gusto. ¿verdad?
—Ya no me gustas, Andrés. ¡No me gustas! —Luna lloró c