—No lo hará, Gabriel es muy amable conmigo. Todos los días, viene a recogerme para ir y regresar de la escuela.
—Así que puedo estar tranquila. —Liora agarró su mano con cariño y le dio unas palmaditas.
—El señor Martínez, ¿volvió con usted?
—Sí.
—¿Has comido? Iré a prepararte algo.
Liora se levantó, pero Luna la detuvo de inmediato:
—Déjame hacerlo. Cuando no hay nada que hacer en la mansión Sánchez, además cocino.
—¿Cómo puedes hacer eso? Eres una señorita. Las señoritas no cocinan para los si