Luna se apoyó en la cama y se levantó un poco con gran agilidad. —¿Cómo... cómo es que llegaste? ¿Y la señora?
Él captó completamente la repulsión, resistencia y el miedo en sus ojos.
—Luna, ¿no quieres verme?
Luna, nerviosa, agarró la manta y no lo miró, simplemente dijo con total indiferencia: —No necesitas actuar así. Aunque no vinieras al hospital, Miguel no te culparía. La señora Alonso está aquí y eso es suficiente.
Pero Andrés no se tomó en serio sus palabras. Se puso de pie, abrió el ref