La fuerte reacción provocó que Luna vomitara todo lo que había cenado esa noche, sintiendo un dolor muy insoportable en el abdomen. Agarraba las sábanas con las manos,
la piel donde había la aguja de jeringa comenzaba a brotar sangre. Emma, bastante asustada, llamó rápidamente a la enfermera, quien, al ver la situación, no tuvo más opción que cambiar de mano para administrarle el suero a Luna.
Preocupada, Emma preguntó:
—Enfermera, ¿esto será grave? Mira lo mal que lo está pasando, ¿no hay otra