La luz que se había acumulado en los ojos de Luna se fue apagando poco a poco. Un rato después volvió en sí y le respondió al joven:
—Lo siento mucho, creo que me equivoqué de persona…
Al verla irse, el joven la siguió en su motocicleta e intentó coquetear con ella:
—Señorita, ¿adónde vas? Te puedo llevar, o ¿me puedes dar tu número?
Luna simplemente caminaba sin rumbo alguno y le respondió con total indiferencia:
—Ya estoy casada, si mi esposo se entera, se va a enojar muchísimo.
El joven respo