Londres rebosaba de vida, del tipo que te presiona desde todos los flancos. Las bocinas de los coches ladraban y gruñían unas contra otras, los trabajadores avanzaban a toda prisa por las aceras con los cuellos levantados, los ojos fijos en los relojes mientras corrían a casa antes de que comenzaran sus programas de televisión favoritos. Los trenes cortaban las intersecciones sin pedir disculpas, el acero chillando contra el acero, apareciendo y desapareciendo a través de un espeso lienzo de ni