—Mami.
La niña de tres años cruzó la habitación tambaleándose, medio dormida. Se había levantado temprano, como de costumbre, y aun así, todas esas mañanas no encontraba a su madre. Se fue a trabajar, cariño, intentaba convencerla Harvey. Aquella mañana, cuando la oyó bajar, fue a hacer lo de siempre.
—Ivy, cariño, ¿dónde estás? —la llamó. Subió y bajó las escaleras con rapidez y giró hacia la sala… solo para que sus ojos lo traicionaran. Allí, en la cocina, vio a su pequeña acurrucada en los