—¿Qué diablos estás diciendo? —preguntó Kaja, alzando la voz, mientras daba un paso al frente, con el rostro crispado por la rabia y los ojos brillando de furia—. ¡Estás completamente desquiciada si crees que podrás detener al amor!
Sofie, con el corazón latiéndole frenéticamente y con las lágrimas aún rodando por sus mejillas, sintió cómo una risa amarga se formaba en su garganta. Sus dedos se apretaron con fuerza alrededor del informe que sostenía mientras avanzaba hacia el altar.
—¿En serio?