El vestíbulo, tan amplio y elegante como opresivo, parecía haberse encogido en cuestión de segundos. Cada palabra de Sonja había caído como un martillo sobre la mente de Mathias:
«Es obvio que están juntos de nuevo».
Las paredes, antes una barrera segura entre él y el mundo exterior, se sentían ahora como una prisión. El aire era denso, irrespirable. Mathias tensó los hombros, cada músculo de su cuerpo luchando por no ceder a la rabia contenida.
—Mamá, basta —espetó finalmente, con un tono hela