Luego de pasar por la comisaría, de dejarle en claro al comisario que estarían bien, de darle la dirección de dónde se encontrarían y de pasar por el apartamento seguro en busca de sus cosas, Sofie y Katrine llamaron a un taxi que rápidamente las llevó hasta la imponente mansión de Mathias Lund.
Una vez frente a los enormes portones, Sofie y Katrine intercambiaron una mirada llena de nerviosismo, antes de bajarse del vehículo y anunciarse en la garita del guardia, quien ya estaba advertido, por