En el momento en el que su mente intentaba encontrar una respuesta lógica a todo aquello, Mathias se acercó a él, seguido de los niños, y lo miró fijamente.
—¿Y? —le preguntó en voz baja y carente de emoción.
—No es ella —soltó Lukas, con un tono cargado de frustración, señalando a la mujer con un gesto de la cabeza—. Es una anciana. Esto no tiene sentido.
Mathias miró hacia el rincón y frunció el ceño ligeramente.
—¿Comprobaste que no fuera una simple confusión de nombres?
—No creo, puede que