En la silenciosa penumbra del minibar de la mansión, Lukas vertía una cantidad generosa de whisky en un vaso ancho. El hielo tintineó al tocar el cristal, rompiendo el silencio que reinaba en la habitación. Era temprano para beber, pero eso no le importaba.
Un momento después, se dejó caer en el sofá, con el vaso en la mano. Apenas bebió un sorbo, pero su mirada permaneció fija en un punto indefinido, como si intentara descifrar un enigma imposible, mientras las palabras en la pantalla seguían