La tarde comenzaba a caer, mientras Katrine, con el corazón en un puño, cerraba la puerta detrás de Ole antes de subir las escaleras, camino a su habitación. Sentía una tonta sensación de que él podría, quizás, adivinar sus pensamientos, y eso la aterraba.
«¿Qué estás haciendo, Katrine?», se preguntó, mientras subía uno a uno los escalones.
Era la primera vez en los últimos seis años que, no solo saldría sin Ole, sino que, además, lo haría para verse con otro hombre. Los nervios le revolvían el