Luego de lo que le pareció una eternidad, Mathias se adentró en la mansión. La casa estaba en calma, sumida en un silencio solamente interrumpido por el crepitar del fuego en la chimenea de la sala.
Con la mente embotada, se sirvió un vaso de whisky, bebió un sorbo y se desplomó en el sofá, con sus pensamientos regresando al Lustury Club. Cada palabra que había pronunciado volvía a él como un eco doloroso y ensordecedor.
—Emma, Lars y Jens ya no tienen madre. Porque tú, Sofie, no eres digna de