El Lustury Club continuó latiendo al ritmo de la música ensordecedora, mientras Sofie sentía que todo se venía abajo. Quería correr, huir, pero sabía que no tenía escapatoria. Mathias estaba allí y ya no podía convencerlo de que se había equivocado.
Tragando saliva, tratando de deshacer el nudo que se le había formado en la garganta, Sofie se dio media vuelta, y, con el corazón en un puño, se enfrentó a Mathias, al padre de sus hijos.
Mathias continuó sujetándola firmemente, y su mirada la llen