Mathias llegó a la mansión con paso firme, seguido por las voces y risas de los niños que venían charlando y jugando detrás de él. Sin embargo, cualquier asomo de alegría se desvanecía al ver el rostro de Mathias al saber que había tenido que cumplir con algo que su hermano le había prometido hacer.
En cuanto la puerta de la mansión se cerró detrás de él, Mathias se volvió hacia Anna, el ama de llaves y le pidió les preparara algo para merendar.
Anna, percibiendo el mal humor de su jefe, asinti