—¿Qué pasa, nena? ¿Todo bien? —preguntó Katrine, intrigada, al ver la incomodidad en el rostro de Sofie.
—No lo sé. Fue raro. Era un correo electrónico sin ningún asunto y cuando lo abrí… no cargó nada. Solo se puso la pantalla en blanco, antes de volver a la normalidad, pero el correo desapareció —respondió, aún más desconcertada.
Inmediatamente, Katrine frunció el ceño y extendió una mano hacia su amiga.
—Dame el teléfono —repuso, con una urgencia que sorprendió a Sofie.
Sofie la miró, sorpre