—¡Calma, hijo! —Frida se acerca a Jack y lo abraza—. No es así, no vas a convertirte en un asesino por culpa de ese desgraciado. Ya sabemos que fue capaz de las peores maldades, pero eso no hará que te sientas mejor matándolo. Sé que la rabia es grande, y las ganas que tienes son de hacer eso mismo, pero tienes que dejar que la justicia se encargue. Él pagará por todo lo que hizo.
—Lo sé, mamá, pero tienes que ver lo que esa mujer hizo en mi vida. Destruyó gran parte de mi vida por esto. Casi m