Logran conocer otra parte de la ciudad que aún no habían visitado y se sienten cada vez más encantados con el lugar. Por la tarde, Jack lleva a Liz a un bar para tomar unas cervezas. Liz está acostumbrada a bebidas calientes y cócteles, pues en su país son lo más común, pero la cerveza la beben poco. Tras un día maravilloso, regresan a la isla. Liz está muy cansada por todo lo que caminó. Ya es de noche, y no imaginaba que el lugar pudiera ser tan hermoso y encantador.
—¡Dios mío, amor! Los día