POV Mara
El restaurante es tan oscuro que necesito la linterna del móvil para leer la carta, pero no la enciendo porque sé que a Elías le daría un infarto estético.
Es uno de esos sitios donde los camareros te susurran los platos como si te estuvieran contando un secreto sucio y donde el agua cuesta lo mismo que una botella de ginebra en mi barrio. Estoy sentada en una silla de terciopelo verde que es preciosa, sí, pero que me clava una barra de metal justo en las lumbares.
El bebé se mueve. Cr