POV Elías
El silencio en el coche no es el habitual. Normalmente, el silencio entre Mara y yo es un muro de hormigón armado: ella a su lado, yo al mío, separador de carriles de por medio.
Hoy el silencio es... denso. Húmedo. Cargado de electricidad estática. Como si la atmósfera fingida del restaurante se hubiera colado en la tapicería de cuero y se negara a salir.
Miro de reojo al asiento del copiloto. Mara se ha quedado dormida. Tiene la boca ligeramente abierta y la cabeza apoyada contra la ventanilla fría, vibrando con el movimiento del motor. Se ha quitado el cinturón de seguridad de la parte de abajo para que no le apriete la barriga, sujetándolo con una mano protectora incluso en sueños.
En un semáforo en rojo, me permito mirarla. No es un vistazo rápido. Es una inspección detallada.
No es mi tipo. Nunca lo ha sido. A mí me gustan las mujeres pulidas, simétricas, que parecen salidas de un render de arquitectura. Mara es un caos orgánico. Tiene una mancha de mantequilla en la ma