POV Elías
La caja de pizza está manchando la mesa de centro. Lo veo. Veo el cerco de grasa traspasando el cartón reciclado y besando la madera de nogal tratada al aceite. En otro momento de mi vida, hace cinco meses, me habría levantado a buscar un salvamanteles. Habría montado un drama. Habría sacado el limpiador especial de ebanistería.
Ahora solo miro la mancha. Luego la miro a ella. Y le doy un trago largo a mi cerveza para no decir nada.
Es domingo por la tarde. Llueve como si el cielo se hubiera roto, un gris plomizo que hace juego con las paredes del salón y con mi estado de ánimo. En la televisión gigante —que yo antes solo usaba para ver renders en 4K— hay un programa donde gente muy operada se grita en una isla desierta.
—Esa chica es tonta —dice Mara con la boca llena.
Tiene un hilo de queso mozzarella colgando del labio inferior. Se lo quita con el dedo índice y se lo mete en la boca, chupándose la yema después. Es un gesto vulgar. Primario. Debería darme asco. Pero me que