POV Elías
Son las tres de la madrugada y el aire acondicionado ha decidido rendirse. O quizás funciona perfectamente y el calor es interno. No lo sé.
Doy vueltas en la cama, enredándome en las sábanas de algodón egipcio que ahora se sienten como papel de lija. No puedo dormir. Cada vez que cierro los ojos, veo mi propia mano sobre su tobillo. Siento el peso de su talón en mi muslo.
No estaba fingiendo.
La confesión se repite en mi cabeza en bucle. ¿Por qué diablos le dije eso? El contrato especifica distancia. Yo redacté las cláusulas de esa distancia. Y ahora estoy aquí, sudando como un adolescente, pensando en la piel de la mujer que duerme en mi salón.
Me levanto. Necesito agua. Necesito hielo. Necesito que el cerebro se me congele y deje de proyectar imágenes prohibidas.
Salgo al pasillo en bóxers, descalzo. La casa está en silencio, pero es un silencio eléctrico, cargado.
Al llegar al umbral del salón, me detengo.
No se ha ido a la cama. Sigue allí.
Mara está dormida en el sofá,