POV Mara
Me despierto tarde. El reloj de la mesilla —un cubo negro sin números que solo da la hora si le das un golpe, diseño absurdo marca Elías— marca las diez y media.
Me quedo un rato mirando el techo, recordando.
Mi memoria corporal es traicionera. Todavía siento la presión de sus manos grandes en mi pantorrilla. Todavía siento el calor de su pecho desnudo contra la planta de mi pie. Y lo peor de todo: recuerdo perfectamente cómo me miraba. Como si yo fuera la última botella de agua en el