POV Mara
El Audi de Elías huele a cuero nuevo y a tensión contenida.
Son las cinco menos cuarto de la mañana. Madrid está desierta, bañada por esa luz naranja de las farolas que hace que todo parezca un escenario de cine negro.
Elías conduce con una mano en el volante y la otra agarrando la mía sobre la palanca de cambios. Sus nudillos están blancos. Su mandíbula está tan tensa que podría cortar vidrio.
—Vas a ciento veinte por la Castellana —murmuro, mirando el velocímetro digital—. Te va a ll