POV Elías
El silencio de las cuatro de la madrugada tiene una densidad específica. Es pesado, expectante.
Estoy despierto, mirando las sombras que proyecta la farola de la calle a través de las lamas de la persiana. A mi lado, Mara respira con una irregularidad que me mantiene en alerta máxima. Lleva dos horas dando vueltas en la cama, buscando un confort que, a estas alturas de la gestación, es físicamente imposible.
De repente, su respiración se corta.
No es un suspiro. Es un jadeo afilado, u