Esa noche la rubia solo pudo llorar a mares encerrada en su habitación, ni siquiera Loretta pudo sacarla de ahí para darle consuelo, ella solo se dejó caer sobre la cama agotada y con la ropa y el cabello húmedos sin importarle nada, solo ella y su dolor, nada más.
Al otro día, las cosas estaban raras en el café de Tony, Audrey llegó temprano como todos los días, pero ya había dos de las chicas en el lugar antes que ella, le extrañó verlas tan temprano, pero se alegró de tener un poco de compañ