— ¿De manos atadas? ¿Qué quiere decir con eso? — Connor soltó al borde de la angustia.
— Que, si el niño no está aquí, señor Evans, no será fácil seguirle la pista, dependerá de los secuestradores y de cuando se quieran comunicar, debemos actuar rápido.
Connor soltó una maldición y se dejó caer en el sillón con el rostro entre las manos, mientras Hunter daba instrucciones a su equipo y se movilizaban rápidamente por las inmediaciones.
— Doctor, Evans, sé que está muy preocupado, ¡Pero necesito