La rubia apenas si podía seguirle el paso a la enloquecida mujer a medida que ella avanzaba tirándola del cabello en dirección hacia las caballerizas, Audrey intentó mantener la calma hasta donde le fue posible, pero tan pronto estuvieron juntas a solas con la compañía de los equinos nada más, la mujer la lanzó al suelo sobre las pacas de heno dispuestas en una esquina.
—¡Todo esto es culpa tuya! Te metiste en mi camino, hice todo lo que hice para alejarte y no comprendiste el mensaje, no te di